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Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas

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Publicaciones digitales Antecedentes de la emancipación

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Introducción

 

Con motivo del bicentenario del inicio de la independencia de la mayor parte de los antiguos reinos de Indias, se aporta en este trabajo la documentación referente a Nueva España durante el período 1759-1798, obtenida del Registro de la Real Estampilla. En él se recogen numerosas noticias sobre la organización del territorio a través de los nombramientos de los funcionarios de toda clase y de órdenes emanadas de la Corona.

En el Registro de la Real Estampilla se asentaban los documentos expedidos por la Real Cámara, los que llevaban la firma mecánica del rey –Real Estampilla– y no la firma autógrafa del monarca. Se custodia en el Archivo General de Palacio –Palacio Real de Madrid– en la Sección Registro. Fue creado al comienzo del reinado de Carlos III. No existen registros anteriores. Están encuadernados en gruesos volúmenes y sólo contienen un breve extracto del contenido de cada documento, pero éste no se conserva allí, pues se devolvía a la secretaría de procedencia. Sin embargo, la utilidad del Registro de la Real Estampilla es ofrecer al investigador una relación sistemática y cronológica de todos los documentos que eran suscritos con la firma mecánica del rey.

En este trabajo nuestra labor ha consistido en seleccionar los asientos referentes a Nueva España durante el reinado de Carlos III y principios del de Carlos IV (1759-1798), para presentarlos de forma sistematizada con arreglo a ciertos criterios que nos han parecido más adecuados por su contenido.

Cuando llega el momento de cumplirse el segundo centenario de la emancipación de la mayor parte de los reinos, capitanías generales y provincias americanas, que durante casi trescientos años formaron parte integrante de lo que se ha llamado la Monarquía Hispánica, conviene hacer un examen de las causas que originaron ese movimiento desintegrador de lo que hasta entonces había sido un conjunto bastante compacto, al menos en apariencia, pues difícilmente se explica cómo lo que hasta 1810 parecía un todo homogéneo, se desmorona por completo en menos de tres lustros. Creemos que para acercarnos a un mejor conocimiento de esa compleja realidad resulta necesario abordar la cuestión desde diversas perspectivas que contribuyan a arrojar mayor luz sobre las causas del movimiento emancipador. Una de esas causas podría estar constituida por la estructura política y administrativa de aquellos territorios, férreamente sujetos a la Corona, que desde la corte decidía hasta los más nimios aspectos de la vida en los reinos de Indias. Por ese motivo, cuando a consecuencia de la invasión napoleónica se corta la relación con la metrópoli y dejan de llegar las órdenes desde Madrid, se produce un vacío de poder, que es aprovechado en muchos de aquellos territorios por las elites locales para adueñarse de ese poder. Quizás el propósito inicial de muchos de esos prohombres de la independencia no era llegar tan lejos, pero cuando se abre la caja de Pandora luego resulta difícil dominar el huracán que se desata.

Pero volviendo a la estructura de la administración virreinal, creemos que pocos instrumentos pueden resultar tan eficaces para su mejor conocimiento como el conjunto de órdenes, nombramientos, instrucciones, etcétera, provenientes de la Corona que se contienen en el Registro de la Real Estampilla, y que constituye el objeto de este trabajo. Llevamos varios años trabajando en este importante fondo documental, del que ya hemos extraído noticias para la confección de trabajos similares, tanto de ámbito territorial –Guatemala, Perú, Isla de Santo Domingo o Aragón–, como de otra naturaleza: la Orden de Alcántara. Todo ello referido hasta ahora al reinado de Carlos III.

En el presente estudio hemos ampliado el ámbito cronológico a los diez primeros años del reinado de Carlos IV, pero creemos que ante todo debemos ofrecer una explicación de lo que era el Registro de la Real Estampilla.


Antecedentes

 

El Registro de la Real Estampilla es un registro en el que se asentaban los documentos expedidos por la Real Cámara que llevaban la firma mecánica del rey, es decir, los que se suscribían con la Real Estampilla y no con la firma autógrafa del monarca. En una primera época los documentos suscritos por el rey llevaban la firma autógrafa de éste, pero ya a partir del siglo XVII el elevado número de despachos que salía de la Real Cámara hizo necesario que se fabricara un troquel de plata con la firma del soberano, con la cual se estampaba la mayor parte de los documentos autorizados por él, y que era destruido a la muerte de cada monarca y sustituido por una nueva Real Estampilla con la firma de su sucesor. No se crea que por no estamparse en ellos la firma autógrafa del soberano quedaban reservados a la Real Estampilla los documentos de carácter secundario. Por el contrario, con ella se despachaban cédulas regias de gran importancia, como nombramientos de virreyes y capitanes generales, arzobispos y obispos, concesiones y sucesiones de títulos del Reino, etcétera. En cambio quedaba fuera de su ámbito todo lo relativo al personal palatino: mayordomos mayores, gentilhombres de cámara y de boca, mayordomos de semana, damas de la reina, etcétera.

Durante mucho tiempo no se llevó en la Real Cámara registro alguno de los documentos suscritos por medio de la Real Estampilla. Fue durante el reinado de Carlos III cuando se comenzó a tomar razón de ellos. Como en tantas otras cosas, el innovador fue el marqués de Squilace, quien, al poco tiempo de la llegada del nuevo monarca, dispuso la llevanza de un registro para esos documentos, que comenzaron a asentarse el 20 de diciembre de 1759. Carlos III había puesto el cuidado de la Real Firma a cargo del citado ministro, quien la trasladó desde el Real Palacio, donde siempre había estado, a su casa, haciendo pasar a ésta a los oficiales de la Secretaría de Cámara para que allí se hiciese el despacho y la expedición de los documentos. La medida encontró fuerte resistencia por parte de los burócratas de la Real Cámara y, de modo particular, por la del oficial mayor don Juan Bautista de Urieta y Goycoa, caballero de la Orden de Santiago, que tomó en ese asunto gran beligerancia. Expuso Urieta a Squilace que la Secretaría de Cámara no tenía más función que devolver a los ministros y tribunales los mismos despachos que habían remitido para poner en ellos la Real Firma, no teniendo tales despachos efecto alguno hasta que, refrendados por los secretarios respectivos, los entregaban a las partes, dejando en sus libros la oportuna razón. Tal razón no podía darla la Secretaría de Cámara porque desconocía el curso de aquellos despachos, que muchas veces quedaban sin efecto por los citados secretarios, aún cuando ya habían sido firmados por el rey. Además, tampoco podía nadie preguntar al monarca si firmó o no un despacho y, en ocasiones, éstos salían de la mano regia y de sus ministros con el nombre del interesado en blanco, especialmente algunos de los que iban dirigidos a América, donde eran rellenados los huecos. Por estos motivos se desconocía en la Secretaría de Cámara los sujetos en los que recayeron tales nombramientos.

Por otra parte, argüía Urieta que había 18 secretarías de Cámara que enviaban diariamente despachos a la Real Firma, por lo que para llevar el registro que iba a crearse harían falta por lo menos cincuenta oficiales para no retardar su expedición. Los razonamientos de Urieta no causaron el menor efecto en el marqués de Squilace, quien dispuso que el proyecto de registro de documentos siguiera adelante. Caído Squilace, le sucedió don Miguel de Múzquiz, a quien Urieta volvió a exponer los mismos argumentos que acaban de decirse. El nuevo ministro no atendió inicialmente las alegaciones de Urieta, pero después ordenó el cese de la toma de razón de los documentos, por orden de 24 de julio de 1771.[ 1 ]

La reacción de Urieta ante su tardío triunfo no pudo ser más pueril, pues procedió inmediatamente a asentar en todos los libros del Registro de la Real Estampilla la siguiente nota: “En 21 de Julio de 1771 se mando cesar la toma de razon de los despachos en que se pone la Real Firma, por las justas razones que constan en la nota puesta en el Libro de incidentes”. Pero esta anotación no figura sólo una vez en cada libro, sino que como éstos recogen los asientos por secretarías de Despacho o de Consejos, cada vez que comenzaban los asientos de cada una de estas dependencias la hizo anotar para que no quedara duda del nuevo criterio.

Don Juan Bautista de Urieta y Goycoa debía ser hombre de mucho carácter y tener gran influencia, porque para que el Registro de la Real Estampilla se restableciera fue necesario esperar a su fallecimiento, que tuvo lugar en Madrid el 6 de enero de 1780.[ 2 ] A los pocos días de este suceso, el 12 de enero de 1780, el mismo don Miguel de Múzquiz ordenó que se volviera a tomar razón de los despachos como se había hecho hasta julio de 1771, y así continuó su práctica, con algunas incidencias, hasta el 14 de abril de 1931, en que se proclamó la II República en España.


El Registro de la Real Estampilla: libros y asientos

 

El Registro de la Real Estampilla se custodia en el Archivo General de Palacio –Palacio Real de Madrid– en la sección Registro. Para el período al que se refiere este trabajo, es decir, el reinado de Carlos III y primeros años del de Carlos IV, conforme a lo que acaba de decirse, hay tres etapas: la primera se inicia el 20 de diciembre de 1759 (libro 267) y acaba el 24 de julio de 1771 (libro 279). La segunda comienza el 13 de enero de 1780 (libro 280) y termina en diciembre de 1788 (libro 288), comprendiendo el año íntegro, pues aunque Carlos III falleció el 14 de diciembre de 1788, se incluyen también en el libro los asientos correspondientes al reinado de Carlos IV referentes a los documentos suscritos con la Real Estampilla de éste, que comenzó a usarse el 23 de diciembre del mismo año. Es decir, que los registros de este monarca siguieron anotándose en el mismo libro sin más que un paréntesis de nueve días, tiempo necesario para fundir la Real Estampilla de plata con la firma del difunto soberano y fabricar la de su sucesor. Los libros de este período se refieren al mismo tomo 288, para recoger los asientos de los últimos días de 1788, hasta el libro 298, correspondiente al año 1798, en que hemos dado por cerrado el presente estudio.

Cada libro comprende un año, excepto el primero, el 267, que recoge los pocos asientos correspondientes a los últimos días de diciembre de 1759 y parte de 1760; y el segundo, el 268, que incluye todo el año 1760, repitiendo lo asentado en el libro precedente. El libro 268 comprende 1761 y los primeros días de enero de 1762. En cuanto al orden interno de los libros, desde 1759 a 1762 los asientos están anotados por días, y en cada día, con la debida separación, los correspondientes a cada una de las secretarías del Despacho y de los Reales Consejos, sin seguir entre ellos ningún orden especial. A partir de 1763, inclusive, cambia el sistema y se anotan todos los asientos correspondientes a una misma secretaría, desde enero hasta diciembre, y al terminar una se inscriben los correspondientes a otra secretaría, de modo que se relacionan consecutivamente todos los documentos procedentes de un mismo organismo.

Es importante destacar que estos libros sólo contienen un breve extracto del contenido de cada documento, a veces demasiado escueto, aunque permite formarse una idea de su tenor. En cambio, ni en los libros ni en el Archivo General de Palacio se conserva copia del documento, pues éste, una vez que se había tomado la oportuna razón, se devolvía a la secretaría de procedencia. Las minutas de los documentos en cuestión se encontrarán probablemente en el Archivo Histórico Nacional, en el Archivo General de Indias, etcétera. Sin embargo, la utilidad del Registro de la Real Estampilla es ofrecer al investigador una relación sistemática y cronológica de todos los documentos que eran suscritos con la firma mecánica del rey.

Los asientos se refieren a multitud de asuntos. Para darse una idea, diremos algunas de las secretarías del Despacho: Estado, Guerra, Hacienda, Marina, Indias; de los Reales Consejos: Cámara de Gracia y Justicia de Castilla, Patronato de Castilla, Cámara y Patronato de Aragón, Órdenes, Inquisición, Hacienda y las secretarías del Consejo y Cámara de Indias, por lo tocante a Nueva España y por lo tocante al Perú. Dentro de ello es fácil imaginarse el contenido: nombramientos de virreyes, capitanes generales, gobernadores, corregidores, intendentes y alcaldes mayores; miembros de los Reales Consejos; presidentes, regentes, oidores, alcaldes y fiscales de las Reales Audiencias y Chancillerías; alféreces mayores, regidores y otros oficios municipales; concesiones y sucesiones de grandezas y títulos del reino y reales licencias para casar; mercedes de hábito y títulos de caballeros y de comendadores de las órdenes militares; consignaciones de viudedad; licencias para fundar mayorazgos y para establecer gravámenes sobre ellos; expedición de pasaportes a diplomáticos españoles y extranjeros, exequatur o reconocimiento de cónsules, etcétera; grados, ascensos y destinos militares desde portaguiones, alféreces y subtenientes hasta capitanes generales, tanto en el ejército regular como en las milicias provinciales, y sus equivalentes en la Real Armada; títulos de escribanos, notarios, procuradores y similares; presentaciones y nombramientos de arzobispos, obispos, dignidades, canónigos y otros prebendados de todas las catedrales y colegiatas de España e Indias y, en España, el nombramiento de todos los curas y rectores de parroquias sobre los que la Corona tenía reconocido el derecho de presentación. Además, instrucciones y órdenes a reales consejos, chancillerías, audiencias, tribunales de todo tipo, municipios y autoridades sobre asuntos muy variados. Cada asiento lleva el lugar y fecha de la expedición del documento a que se refiere.

El número y la riqueza de datos que se contienen en estos registros son extraordinarios. A través de ellos se puede conocer de forma sistemática la mayor parte de las personas que ocupó cargos públicos durante el período estudiado, así como tener referencia de otras noticias, lo cual permite fijar con precisión las fechas de los nombramientos, patentes y títulos, datos de suma utilidad cuando se quiera estudiar la biografía de una persona o analizar diversos sucesos de interés. No obstante, hay que advertir que, en ocasiones, algunos de estos nombramientos no llegaron a surtir efecto por renuncia o defunción del interesado e, incluso, porque la autoridad a la que iban dirigidos no siempre tramitó la orden recibida.


Nueva España en el Registro de la Real Estampilla

 

Para este trabajo, seleccionamos inicialmente de esta ingente cantidad de datos todo lo referente a lo que hoy constituye el territorio de la República de México, con algunas incursiones ajenas a él cuando se trata de personajes mexicanos o de asuntos relacionados con dicho territorio. Para ello hemos tenido que eliminar de entre las numerosísimas cédulas dirigidas a los virreyes de Nueva España aquellas que no se referían a la demarcación de la actual República de México, cuestión no siempre fácil, ya que hay territorios que en el período estudiado pertenecían a la Real Audiencia de Guatemala y hoy forman parte del territorio mexicano, como Chiapas, y otros que, habiendo formado parte de la gobernación de Nueva España durante el siglo xviii, por diversas causas posteriores al momento de la independencia ya no dependen hoy del Gobierno Federal, como ocurre con los extensos territorios que actualmente pertenecen a los Estados Unidos de América, pero que sí recogemos en este trabajo.

Los datos que aquí ofrecemos se encuentran incluidos fundamentalmente en la Secretaría del Consejo y Cámara de Indias por lo tocante a Nueva España,[ 3 ] por lo cual los asientos que no llevan mención expresa se hallan asentados en ese epígrafe de los correspondientes libros registros. Los que se han tomado de la Secretaría del Despacho de Indias, de Guerra y de Hacienda de Indias, del Consejo de Órdenes o de otras secretarías, y los que se encontraban por error en otros lugares llevan la correspondiente indicación de procedencia.

Nuestra labor ha consistido fundamentalmente en examinar los libros de la Real Estampilla, seleccionar los asientos referentes al territorio de la actual República de México y a los personajes que con perspectiva actual pudieran calificarse de mexicanos, y a presentarlos de forma sistematizada con arreglo a ciertos criterios que nos han parecido más adecuados por su contenido, ya que la otra alternativa era relacionarlos uno tras otro por el mismo orden en que figuraban en los libros.

Decíamos al principio que, a diferencia de lo que hemos hecho con otros trabajos que se limitaban al reinado de Carlos III, en éste hemos ampliado el límite cronológico, incluyendo los diez primeros años del de su hijo y sucesor, Carlos IV, con el fin de acercarlo lo más posible al evento del bicentenario de los movimientos emancipadores hispanoamericanos. Sin embargo, al resultar el trabajo demasiado extenso, hemos considerado conveniente restringir determinada información correspondiente al período de Carlos III y, en cambio, ampliarla en el reinado de Carlos IV, porque entendemos que ya empiezan a aparecer personajes que en su momento habían de tener intervención en las revueltas contra la metrópoli. Así, por ejemplo, la organización castrense está muy desarrollada en el período 1789-1798 con la enumeración de los oficiales de todas las unidades militares, cosa que no hemos hecho con reinado anterior; otro tanto sucede en la organización eclesiástica, que hemos ampliado más en el período de Carlos IV que en el precedente, etcétera. Por otra parte, aunque algunos de los nombres, tanto onomásticos como toponímicos, no son plenamente correctos, hemos preferido en muchos casos respetar la ortografía con la que aparecen asentados en los libros registrales, quizás como una curiosidad para saber cómo se escribían entonces los nombres de villas y ciudades.

Asimismo, hemos creído conveniente recoger disposiciones de muy variada índole, no estrictamente genealógicas, pero que con una visión más amplia podrían resultar interesantes para otros historiadores y también para que el lector pueda hacerse una idea de hasta qué punto la Corona y los reales consejos controlaban, o trataban de controlar, todo lo relativo al gobierno y la administración de los inmensos territorios que formaban la Monarquía Hispánica.

Índice


Notas

[ 1 ] Así consta en el Libro en el que se notan incidentes extraordinarios que corresponden a la Secretaría de Cámara de S. M., Archivo General de Palacio (Palacio Real de Madrid), Registro, libro 255, sin foliar.

[ 2 ] Parroquia de San Sebastián, libro 33 de Difuntos, f. 488.

[ 3 ] En esta negociación de Nueva España se contienen también los documentos referentes a las capitanías generales de Santo Domingo, Guatemala, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Venezuela. Esta última se integraba en el Negociado novohispano, sin duda por depender jurisdiccionalmente de la Real Audiencia de Santo Domingo hasta la creación de la Real Audiencia de Caracas en 1786, aunque también continuó dependiendo luego de Nueva España.

 

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