Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México

 

Víctor Orozco, Las guerras indias en la historia de Chihuahua.
Primeras fases,
México, Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes, 1992, (Regiones).

Víctor Orozco (editor), Las guerras indias en la historia de Chihuahua.
Antología,
Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
e Instituto Chihuahuense de Cultura, 1992.

Martín González de la Vara


Pocos temas en la historia de Chihuahua se han perpetuado tanto en el mito y en la memoria colectiva como el de las relaciones con los llamados "indios bárbaros". La idea de que una continuada guerra contra grupos apaches y comanches fue un factor determinante en la conformación del recio carácter de los norteños en general y chihuahuenses en particular, ha sobrevivido hasta nuestros días y forma parte de numerosos mitos cívicos y sociales. Por supuesto, esta idea tiene un fuerte fundamento histórico, pero más que sólo una lucha por el espacio, los vínculos que se establecieron entre los colonos hispano-mexicanos e indios nómadas eran tan fuertes que iban mucho más allá del conflicto militar hasta llegar a incluir relaciones económicas y sociales de manera cotidiana.

Para nadie escapa que este complejo de relaciones afectó sensiblemente la vida diaria de los norteños en la época colonial y hasta finales del siglo XIX, pero sus alcances y significados aún están lejos de ser comprendidos cabalmente. Desde hace varias décadas, numerosos autores han dedicado parte de sus desvelos a describir las vicisitudes de la "guerra contra los bárbaros" en la época colonial, pero son relativamente pocos los que han intentado estudiarla en el periodo independiente. Existen muchas razones para que esta diferencia en el tratamiento de cada periodo exista. La inestabilidad en los procesos políticos del México independiente oscurece en muchas ocasiones la visión centralizada que se puede lograr con cierta facilidad para la etapa colonial. La escasez de fuentes generadas por los propios "bárbaros" no permite que tengamos una idea clara de sus formas de organización política o de su vida social, lo que impide, a su vez, lograr una visión integral de sus contactos con los grupos sedentarios. Como aquéllos, otros muchos aspectos de la relación entre ambos quedan todavía muy confusos, como serían, por citar algunos ejemplos, el intercambio o asimilación de los cautivos hechos durante las hostilidades, la trascendencia de las firmas de paces parciales o generales, las formas del comercio, las alianzas ocasionales y, sobre todo, el impacto de las relaciones interétnicas al interior de los dos grupos.

Se conoce mucho más de los aspectos administrativos o institucionales. La organización de presidios y milicias, las políticas de los gobiernos provinciales o las grandes campañas militares han dejado una extensa información que se encuentra diseminada en una multitud de archivos locales, estatales y nacionales de varios países. Sin embargo, para el caso de Chihuahua, la dispersión de las fuentes es aún más crítica debido a la pérdida de los archivos estatales en 1941, donde se albergaba la documentación de la comandancia general. La exploración en los archivos nacionales y locales debe ser más intensa para que, En un futuro, se pueda reconstruir, aunque sólo sea en parte, la complicada madeja que formaron las relaciones entre los distintos grupos étnicos en el norte de México.

Por todo lo anterior, cualquier trabajo que se refiera a esta difícil temática es más que bienvenido. Tal es el caso de la investigación que está llevando a cabo Víctor Orozco sobre las guerras indias en Chihuahua durante el siglo XIX, de la cual los dos volúmenes que aquí se presentan son sus primeros resultados.

El objeto del libro Las guerras indias en Chihuahua. Primeras fases es ofrecer una visión panorámica de los efectos sociales de los conflictos entre los llamados bárbaros y los colonos chihuahuenses, desde 1831 hasta aproximadamente 1842. Siguiendo al autor, estos conflictos afectaron de manera determinante las relaciones de clase, el sistema productivo, la cultura y formas de conciencia colectiva y las relaciones entre Chihuahua y el gobierno nacional. De hecho, Orozco apunta que "las guerras indias constituyen el proceso histórico regional más importante del siglo XIX” (p. 12). Como tal, las relaciones con los bárbaros habían sido ya estudiadas por algunos académicos, en especial norteamericanos, pero éstos, en opinión del autor, "han estado poco interesados en examinar el complejo de relaciones que se construyó en Chihuahua alrededor de la lucha entre la sociedad mestiza y las etnias que resistieron su avance" (p. 13).

De esta manera, un primer capítulo se dedica al escenario social de Chihuahua que sería afectado por las guerras indias. Una larga paz con las tribus más peligrosas permitió una mejor colonización del territorio chihuahuense y el desarrollo de una clase de rancheros junto a las tradicionales de mineros y hacendados, además de darle cierto margen de maniobra al gobierno estatal para tratar de impulsar la explotación de los recursos naturales de Chihuahua. En este tiempo, los presidios aparentemente vivían un periodo de tranquilidad.

El segundo capítulo se dedica al estallido de la guerra con los bárbaros que tradicionalmente se ha fechado en 1831. A la decadencia del sistema presidiario por falta de auxilios sucedió la suspensión de las raciones que se daban a los apaches para mantenerlos en sus "establecimientos de paz". La guerra india se desarrolló con extraordinaria rapidez y a la vuelta de un par de años los pobladores de las zonas más afectadas por el conflicto ya estaban habituados a participar en campañas de reconocimiento y punitivas. Los ciclos de ataques, retiradas, campañas y ocasionales tratados de paz habían comenzado de nuevo, pero en ellos participaba ahora una generación de chihuahuenses que había crecido al amparo de la larga paz colonial. Los reajustes en las relaciones sociales en los pueblos y haciendas, así como los vínculos entre los pueblos y el gobierno estatal sufrieron importantes modificaciones cuyos alcances no se pueden medir con facilidad.

El tercer capítulo entra de lleno a la descripción de los esfuerzos del gobierno estatal para establecer un plan de defensa efectivo ante las incursiones bárbaras y las repercusiones que éstas tuvieron en los niveles de la política local. Ante la notoria imposibilidad de financiar y organizar una guerra frontal contra los indígenas, el gobierno chihuahuense reaccionaba de manera casuística mientras la población se iba acostumbrando a vivir dentro de un sistema informal de guerra. Las paces parciales o generales con los bárbaros, la constante penuria de la ha cienda pública, el crecimiento del área de conflicto y las dificultades entre las autoridades civiles y militares ante un problema que difícilmente podían enfrentar son algunos de los temas tocados en este apartado.

Las famosas "contratas de sangre", que se basaban en el pago por cada indígena muerto, son el tema central del cuarto capítulo. Consideradas como un recurso extremo para combatir a los bárbaros, las contratas provocaron graves diferencias entre los mandos civil y militar y con los mercenarios involucrados en ellas, diferencias que están bien ejemplificadas en los constantes pleitos entre el comandante Francisco García Conde y el aventurero James Kirker. Ya para la década de los cuarenta, después de una década de lucha, "la guerra constituía el leitmotiv de toda la acción política en Chihuahua" (p. 154). Pero su influencia no se quedó sólo en el nivel político, sino que trascendió hasta la conciencia colectiva, creando una identificación regional que en muchas ocasiones rebasaba la propia estructura de clases. La lucha contra el bárbaro finalmente uniría a hacendados, rancheros y campesinos en torno a un enemigo común y permitiría a las poblaciones gozar de un cierto grado de autonomía respecto a las instancias de gobierno estatales.

Cada capítulo de este libro se compone de pequeños subcapítulos -algunos de ellos de sólo unas líneas- que van conformando un mosaico pleno de imágenes en las cuales se ven reflejados los diferentes aspectos relacionados con la guerra indígena en Chihuahua en la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, debido a la complejidad del tema, es difícil darnos una idea cabal de la mecánica del conflicto y de sus manifestaciones más importantes en la sociedad chihuahuense después de contemplar ese mosaico. La información se encuentra demasiado atomizada y el hilo conductor del relato desaparece con frecuencia. En ocasiones, se incluyen materias no relacionadas directamente con el tema del libro, como serían las de la expulsión de los españoles o la epidemia del cólera morbus. Pareciera que cada subcapítulo estuviera sustentado en uno o varios documentos que el autor expone y comenta y que no hay una solución de continuidad con los demás. Así, aunque se exponen de manera correcta hechos muy interesantes no se llega a probar la conclusión, que se entiende que es provisional, de que "en las primeras fases de las guerras indias (1831-185...) [ sic ] se produjo el colapso del estado y entró en crisis el sistema de semiesclavismo implantado en las grandes haciendas" (p. 164).

Tal vez la gran aportación de este libro consista en mostrar las posibilidades que ofrecen los archivos locales -en este caso el municipal de Ciudad Guerrero- para reconstruir la historia chihuahuense en el siglo XIX. Sin embargo, una revisión más exhaustiva de los archivos nacionales podría aportar elementos nuevos al tema. Por ejemplo, un vistazo fugaz a otras fuentes primarias nos muestra que, si bien la rebelión apache de 1831 fue determinante en el desarrollo de los conflictos interétnicos, nunca dejaron de sufrirse graves incursiones indígenas -especialmente de comanches- en el norte y oriente del estado, que incluso llegaron a poner en jaque su estructura militar en fechas tan tempranas como 1825 y 1826.

Se extraña también el poco uso que el autor hace de las obras de William B. Griflen. Este antropólogo norteamericano se ha dedicado casi dos décadas al estudio de las guerras indias en Chihuahua y, a más de su pasión por el detalle documental, es el investigador que mejor ha comprendido la estructura y significado de las relaciones entre los indios bárbaros y los colonos hipano-mexicanos en las épocas colonial e independiente.

El segundo libro aquí reseñado, Las guerras indias en la historia de Chihuahua. Antología, recoge varios testimonios de la organización institucional ante la amenaza que los indios bárbaros representaban para Chihuahua desde finales del siglo XVIII hasta la conclusión del conflicto armado una centuria más tarde. Complementa así el libro anterior aunque lo sobrepase en sus alcances temporales. El ensayo preliminar, aunque breve, presenta una versión más acabada de todo el proceso de las guerras indias hasta desembocar, de manera más o menos artificiosa, en los prolegómenos de la Revolución de 1910.

Una primera serie de documentos de la época colonial incluye algunos documentos ya publicados, pero de difícil consecución, como el informe de Hugo de O'Conor o las instrucciones de José de Gálvez y dos testimonios publicados en el siglo XIX, que se han constituido en verdaderas rarezas bibliográficas.

La época independiente presenta varios tipos de documentos fácilmente clasificables. Los decretos y comunicaciones del gobierno de Chihuahua, provenientes en su gran mayoría del Archivo Municipal de Ciudad Guerrero, muestran el grado de impotencia en que se dieron los intentos de organizar la defensa del estado en las décadas de los treinta y cuarenta del siglo pasado. Los intentos de reorganizar la estructura militar del norte de México, tras la guerra contra Estados Unidos, dieron como resultado varios dictámenes y resoluciones oficiales que no se llevaron a la práctica, pero que nos enseñan una actitud más enérgica para combatir a los bárbaros que, sin embargo, fue inútil ante el agravamiento de los problemas políticos del país. Por último, cierran el volumen selecciones de las bien conocidas memorias de Joaquín Terrazas y Gerónimo que nos permiten ver los lados del mismo conflicto.

No cabe duda de que el importante tema de las relaciones entre chihuahuenses y bárbaros es muy complejo, tiene una multitud de facetas desconocidas y que, por lo tanto, seguirá estudiándose por mucho tiempo más antes de que se puedan esbozar conclusiones definitivas sobre él. Así, estos dos volúmenes son un paso más en el largo camino que tenemos por delante para entender y dar a conocer uno de los procesos determinantes en la conformación de las sociedades norteñas de nuestro país.

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Álvaro Matute (editor), Ricardo Sánchez Flores (editor asociado), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 16, 1993, p. 243-248.

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