Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México

LA CIUDAD DE MÉXICO ANTE LA OCUPACIÓN
DE LAS FUERZAS VILLISTAS Y ZAPATISTAS.
DICIEMBRE DE 1914-JUNIO DE 1915

Felipe Arturo Ávila Espinosa


Introducción

La ciudad de México ha desempeñado un papel fundamental como centro político, económico y cultural que ha impuesto su peso y hegemonía al resto del territorio nacional a lo largo de la historia, desde la época prehispánica hasta nuestros días. En ella se han asentado los poderes centrales -salvo en muy contados y temporales episodios- y, en las épocas de trastornos y transformaciones, la capital del país ha sido objeto de disputa por los distintos protagonistas, teniendo en todos ellos un papel crucial de dominación, control y posesión para el resultado final de tales acontecimientos.

La Revolución Mexicana se desarrolló como una suma convergente de movimientos regionales que fueron fortaleciéndose y lograron derrotar en provincia al ejército huertista, el principal sostén del régimen que había precipitado la Revolución. En un momento decisivo de este proceso, se presentó para las diferentes facciones (constitucionalista, villista y zapatista) la necesidad de apoderarse de la capital del país y utilizarla para consolidar desde ella su poder y sus proyectos de transformación nacional, en la medida en que, derrotado el enemigo principal, se había demostrado que existían también entre ellos diferencias que tendrían que dirimirse en varios frentes, incluso el de las armas.

La ciudad de México se convirtió así en un objetivo militar y político de primera importancia, siendo ocupada sucesivamente por constitucionalistas y convencionistas desde agosto de 1914 hasta junio de 1915 en que se impusieron nacionalmente los primeros.

Cada una de las tres facciones triunfantes sobre el huertismo tenían su propio proyecto de país, constituido por la visión general que habían logrado desarrollar, impregnada por sus particularidades locales y regionales, su composición social, sus antecedentes, su práctica militar y política, su ideología. Cada uno de los proyectos, para poder realizarse nacionalmente, tenía que imponerse a los otros, someterlos a su hegemonía, militar, en algunos casos, política e ideológica, en otros. En la época de mayor ascenso de la Revolución, la capital del país fue objeto de disputa entre los constitucionalistas y la alianza villista-zapatista. Al ocuparla en distintas ocasiones estas fuerzas, tuvieron oportunidad de utilizarla para fortalecerse, para tratar de incorporar a los distintos sectores de la población capitalina hacia sus proyectos, de aplicar medidas que a la par que buscaran solucionar los principales problemas citadinos, ganaran el consenso y la participación activa de los habitantes.

Estos intentos, así como sus resultados, son el objeto del presente trabajo, que se centra en analizar por una parte cuál fue la visión, la actitud, las medidas y los resultados obtenidos por las fuerzas de la División del Norte y por el Ejército Libertador del Sur en las distintas ocasiones que ocuparon la ciudad de México, entre diciembre de 1914 y junio de 1915. Por la otra, en la medida en que es posible detectar respuestas y comportamientos colectivos en una población que participó tardía y marginalmente en el proceso revolucionario, heterogénea, con intereses múltiples y contradictorios, se verá cuál fue su actitud ante los problemas agudos que padecieron en esa época y ante las medidas puestas en práctica por los ocupantes. El eje de la investigación es, pues, la práctica (es decir, la concepción y la actividad) de las fuerzas ocupantes de la capital del país, los problemas que se presentaron y cómo los encararon y trataron de resolver, así como sus efectos. La respuesta de la población capitalina, o de los sectores de ella que sea posible detectar, se estudia en relación con dicha iniciativa externa, no en sí misma. Así, este trabajo intenta ser una primera aproximación a la historia compleja de varios factores convergentes que tuvieron lugar en un espacio y tiempo determinado y crucial.

La delimitación geográfica y temporal: la ciudad de México, es decir, el municipio que ocupa la parte central del Distrito Federal y las zonas más próximas a él, sin incluir las delegaciones más alejadas que en esa época tenían mucho más marcadas particularidades agrarias y que estaban dentro de la esfera de dominio zapatista.[ 1 ] durante el periodo que va de diciembre de 1914, en que llegaron por primera vez las fuerzas de la Convención, hasta junio de 1915, en que, derrotada la División del Norte definitivamente por el Ejército de Operaciones de Obregón, tuvieron que abandonar los restantes convencionistas la capital del país y refugiarse en la zona zapatista. Hay un intervalo de poco más de un mes, de fines de enero de 1915 a mediados de marzo de ese año en que regresaron las fuerzas constitucionalistas al mando de Obregón. Este periodo servirá para equiparar las medidas y respuestas obtenidas por éstos con las alcanzadas por la ocupación convencionista, contrastándolas.

Las ideas que guían este trabajo son:

1. La ocupación de la capital del país por las distintas fuerzas que participaron en la Revolución, y, particularmente, por los convencionistas, a pesar de la importancia estratégica que tenía la misma en términos militares, económicos y políticos, no logró la incorporación mayoritaria de la población capitalina hacia dicho proceso, convirtiéndose en una ocupación desde fuera, en una conquista, lo cual influyó de manera importante en el curso de los acontecimientos y en la derrota que sufrieron estos ejércitos a manos de los constitucionalistas.

2. En este resultado tuvo un papel considerable la concepción que tenían los principales jefes e ideólogos convencionistas sobre la capital del país, restándole importancia y prejuzgando mal las posibilidades que tenían de atraer a los sectores populares hacia sus objetivos.

3. Sin embargo, del lado de sus enemigos constitucionalistas -que si bien obtuvieron un apoyo concreto efectivo de un sector organizado que les sirvió para engrosar sus filas en un momento crucial de la guerra civil mediante el pacto con la Casa del Obrero Mundial- no se advierte tampoco una mayor comprensión de la ciudad y de los problemas de sus habitantes, teniendo una reacción de hostilidad hacia sus ocupaciones por parte de la población citadina.

4. Los capitalinos vivieron momentos verdaderamente difíciles en esa época: escasez de alimentos, hambre, enfermedades, inseguridad, inflación, falta de circulante, de agua, de electricidad y servicios, etcétera. Realmente padecieron la Revolución, sintieron sus efectos más que como sujetos participantes activos, como víctimas, como objetos. A pesar de lo anterior, tuvieron una forma particular de manifestar sus posiciones que, aunque no espectacular, y a menudo muy poco visible, no por ello dejó de ser importante.

5. La ocupación de la capital por las distintas fuerzas contendientes mostró crudamente algunos de los problemas que se presentan en revoluciones mayoritariamente agrarias, siendo uno de los más importantes el de cómo incorporar a la población urbana a ellas, en una relación de igualdad y de respeto, complementaria. Esto no pudo ser resuelto ni por los convencionistas ni por los constitucionalistas y continúa siendo un problema abierto.

Antecedentes: la primera ocupación constitucionalista.
Agosto-noviembre de 1914

Derrotado militarmente el huertismo, el constitucionalismo pudo llegar a la capital del país antes que las otras dos facciones en virtud de que Carranza impidió el aprovisionamiento de pertrechos y combustible a la División del Norte y a que los restos del huertismo le entregaron a ellos la capital del país, a través de los Tratados de Teoloyucan, en los que, además de la rendición de la ciudad y la solicitud de garantías para sus habitantes, que Obregón garantizó, se estableció como compromiso para ambas partes que se mantendrían las posiciones militares del ejército federal para impedir la entrada de las fuerzas zapatistas y que posteriormente serían relevadas por tropas constitucionalistas.[ 2 ]

De esta manera, las fuerzas del ejército constitucionalista al mando de Obregón hicieron su entrada triunfal a la capital del país el 15 de agosto de 1914.[ 3 ] A una ciudad de menos de 500 000 habitantes que había presenciado el desarrollo de la guerra civil que se libraba en el país desde casi cuatro años atrás; a la que le había tocado vivir en el mismo lapso un trastocamiento importante en su comportamiento diario; que había presenciado -poco después de la fastuosidad de las fiestas del centenario- la caída del viejo dictador, la llegada promisoria de Madero y el derrumbe de este régimen; que había padecido el trastorno militar de la Decena Trágica en la zona céntrica y una serie de medidas que la afectaron, como la devaluación de la moneda, la carestía, la escasez de víveres, la inseguridad, el cierre de fuentes de trabajo, el cierre de escuelas, el reclutamiento forzoso, las detenciones, etcétera; le tocaba ahora presenciar la llegada de los triunfadores sobre la dictadura huertista. Indudablemente la población capitalina veía con curiosidad e interés el arribo de los constitucionalistas y la recepción masiva de que los hizo objeto, si no una muestra plena de adhesión y simpatía, por lo menos significaba una expectativa de que los problemas que habían padecido terminarían y que la paz llegaría pronto.

Obregón se dirigió al pueblo de la capital ese mismo día en Palacio Nacional e invitó al pueblo a colaborar con la Revolución. Carranza, que llegó cinco días después, en Azcapotzalco pronunció un discurso en el que reafirmó que la Revolución no había hecho promesa alguna, salvo derrocar a un gobierno ilegal y que ese objetivo ya se había cumplido, pidiendo apoyo al pueblo mexicano y conminándolo a mantener el orden; en el mismo discurso criticó la deformación que había hecho la prensa capitalina de las fuerzas revolucionarias y señaló al clero como enemigo de la causa revolucionaria.[ 4 ]

Las primeras medidas tomadas por los constitucionalistas fueron el nombramiento de las autoridades de la ciudad: Alfredo Robles Domínguez como gobernador del Distrito Federal y Francisco Cosío Robelo inspector de policía, así como la clausura de todos los tribunales y juzgados, declarados ilegales por el Plan de Guadalupe.[ 5 ] También fue permitida la reapertura de la Casa del Obrero Mundial, proscrita por el huertismo.[ 6 ]

Durante el mes de septiembre, las medidas más importantes fueron un decreto para que la población citadina civil, que poseyera armas, las entregara a la Comandancia Militar y un decreto de Jara (quien había sustituido a Robles Domínguez como gobernador), que establecía la pena de muerte para "los civiles y militares que ocupen casas o se apropien de automóviles, coches, caballos o cualesquiera otros bienes de propiedad particular, sin previa autorización dada por el gobierno". También se prohibían los cateos sin previa autorización.[ 7 ] Como se observa, una preocupación central de los ocupantes era garantizar el orden y salvaguardar la propiedad privada. En ese mismo mes la prensa reporta tres ajusticiamientos de ladrones, dos de ellos por asaltar una carnicería.[ 8 ] También se emitió papel moneda en baja denominación y se creó una nueva deuda interior por 130 millones de pesos.[ 9 ]

Por su parte, la Casa del Obrero Mundial aprovechó la situación para reiniciar el trabajo organizativo e hizo varias proclamas llamando a los trabajadores a organizarse. Precisamente en esos días los sastres hicieron una huelga exigiendo reconocimiento a su sindicalización.[ 10 ]

La población capitalina, mientras tanto, continuaba con una situación que se iría agravando en los meses venideros: la escasez de alimentos, los abusos de los comerciantes que especulaban con los artículos y los encarecían y la falta de fuentes de trabajo.[ 11 ]

Estos asuntos no ocupaban el centro de la atención de los jefes constitucionalistas, que por esos días se encontraban discutiendo la manera de encarar el desafío villista a la autoridad de Carranza, quien había convocado a una junta bajo su control para que discutiera y resolviera sobre las limitadas reformas que consideraba necesarias una vez que la Revolución había triunfado. Así, ante la negativa de Villa de concurrir con sus fuerzas a la junta convocada por Carranza, y siendo inminente el enfrentamiento militar con la División del Norte, una parte del ala radical del constitucionalismo encabezada por Lucio Blanco había constituido un Comité Pacificador que estaba tratando de llegar a un acuerdo con el villismo.[ 12 ]

En octubre, el problema principal fue la huelga de tranviarios y cocheros que, en demanda de aumento salarial y mejores condiciones de trabajo, paralizaron el transporte de la ciudad de México. Al prolongarse el conflicto, Carranza tuvo que tomar cartas en el asunto, determinando la intervención temporal de la compañía de tranvías por el gobierno para ver si era posible satisfacer las demandas de los trabajadores.[ 13 ] Al mismo tiempo, el problema del abasto de víveres se agudizó, por lo que las autoridades establecieron multas y castigos para los comerciantes que no acataran las disposiciones, prometieron tiendas gubernamentales para vender artículos de primera necesidad y se emitió un decreto que prohibía la exportación de dichos artículos.[ 14 ] El otro gran problema comenzó a ser el recrudecimiento de los enfrentamientos armados con fuerzas zapatistas, en las zonas limítrofes del Distrito Federal.[ 15 ]

Empero, estos problemas que afectaban centralmente a la población citadina no habían podido ser resueltos en los casi dos meses de ocupación constitucionalista porque los asuntos medulares de la Revolución aún no se habían resuelto: la cuestión agraria, las reformas sociales, políticas y económicas que beneficiaran a los participantes en el movimiento, la pacificación del país, etcétera. La situación política seguía siendo conflictiva y de nuevo lo central durante esos días, y que llamó mayormente la atención de los ocupantes, fue la reunión de la junta carrancista en la que, a pesar de la asistencia exclusiva de jefes civiles y militares del constitucionalismo, el ala encabezada por Obregón, Lucio Blanco, Eduardo Hay y otros jefes, que quería evitar en esos momentos el enfrentamiento con el villismo, consiguió cambiarle el carácter, que resolviera trasladarse a la ciudad neutral de Aguascalientes en donde se reunirían en condiciones de igualdad con los representantes de la División del Norte y consiguieron también excluir a los civiles de la discusión de los asuntos centrales de la Revolución, que se resolverían en una convención exclusivamente militar.[ 16 ]

Así, pues, en noviembre, aunque los problemas de escasez y encarecimiento de víveres continuaron haciéndose más graves, puesto que la salida de la mayoría de las tropas ocupantes para Aguascalientes y Puebla hacia donde se dirigió Carranza, hicieron temer una ruptura de hostilidades que agudizó la especulación y alza de precios de alimentos, y los enfrentamientos de las fuerzas armadas que quedaron en la ciudad con los zapatistas se recrudecieron día con día, la atención estuvo dirigida hacia lo que sucedía afuera; en Aguascalientes, en donde la Convención se declaró soberana, decidió eliminar a los caudillos, invitó a los zapatistas cuya llegada fortaleció la definición de un primer esbozo de programa de gobierno en cuya base se encontraba el Plan de Ayala, quiso eliminar a Carranza y a Villa de sus puestos de mando y, al declararse Carranza en rebeldía, se produjo una escisión entre las facciones revolucionarias quedando de una parte la alianza villista-zapatista, fiel a la Convención y al gobierno encabezado por Eulalio Gutiérrez, que se había nombrado, y por la otra el constitucionalismo agrupado en torno al liderazgo refortalecido de Carranza.[ 17 ]

En todos estos acontecimientos la población capitalina sólo fue observadora. En los casi tres meses de ocupación constitucionalista, no obstante la expectativa inicial, no se dio una incorporación activa de la población, o de sectores de ella al proyecto de los ocupantes. La situación material de los citadinos, sobre todo de las clases pobres, continuó deteriorándose; a pesar de las denuncias contra los comerciantes y de algunas medidas que se tomaron, la mayoría fueron sólo declaraciones; la escasez y los abusos continuaron, los salarios no aumentaron, una buena parte de ellos se tenía que emplear para comprar alimentos, los problemas de seguridad no mejoraron y, a pesar del acercamiento entre algunos jefes constitucionalistas y la dirección de la Casa del Obrero Mundial (la que sí pudo sacar provecho de la ocupación y volver a tener influencia en la organización y movilizaciones de los trabajadores en esos días), y algunas muestras de adhesión oportunista de organizaciones de la clase alta, en términos generales, la población capitalina permaneció como espectadora de los acontecimientos.

Los ocupantes, por su parte, mantuvieron su condición de elementos exteriores, nombraron a las autoridades políticas y administrativas de entre sus propias filas, se preocuparon por mantener el orden y dar garantías a la propiedad, así como impedir los abusos de los comerciantes, prometiendo medidas de beneficio a las clases necesitadas. Pero mayoritariamente estuvieron ocupados en dar atención a los problemas más generales de su relación y conflictos con las otras facciones, y prestaron poca atención a la ciudad. En todo caso, aunque dueños de la capital, no lo eran del país, pues para serlo tendrían que salir de ella y dirimir afuera la hegemonía. Después de la ruptura con la Convención y el avance de ésta hacia el centro del país, las fuerzas constitucionalistas se refugiaron en Veracruz, desocupada no casualmente por esos días finales de noviembre por los norteamericanos.

La primera ocupación villista-zapatista de la ciudad.
Diciembre de 1914-enero de 1915

Las fuerzas de la Convención, después de la ruptura con Carranza, comenzaron su avance hacia la capital del país y ocuparon sin encontrar resistencia las plazas intermedias; hacia fines de noviembre eran dueñas de la mayor parte del territorio nacional y se encontraban en las inmediaciones de la ciudad.[ 18 ] Estas fuerzas, que venían de Aguascalientes, estaban compuestas básicamente por la División del Norte. El Ejército Libertador del Sur, que no se había aún integrado plenamente a la Convención y se encontraba también en la periferia de la ciudad, comenzó a ocuparla a través de algunas fuerzas avanzadas en los últimos días de noviembre y primeros de diciembre. Con esta base, el gobierno convencionista de Eulalio Gutiérrez entró a la ciudad el 3 de diciembre, ocupando el Palacio Nacional. También hizo los primeros nombramientos: Manuel Chao, gobernador; Mateo Almanza, comandante de la Plaza, y Vito Alessio Robles, inspector de Policía.[ 19 ] La población capitalina, empero, casi no conocía a estos ocupantes. Esperaba la entrada de los carismáticos Villa y Zapata, de quienes se tenían frecuentes y cercanas noticias difundidas, magnificadas y deformadas por la prensa desde cuatro años atrás.

El 6 de diciembre fue la entrada de ambos jefes, al frente de sus respectivos ejércitos en la que fue sin duda la mayor demostración de poderío militar presenciada por los capitalinos durante la Revolución. Según las crónicas, desfilaron más de 50 000 hombres armados, aproximadamente una décima parte o incluso más, de lo que era el total de habitantes del Distrito Federal. La población citadina salió también a recibirlos, como antes había hecho con Madero y con el constitucionalismo.[ 20 ]

En apariencia, la paz, la estabilidad, la vuelta a la vida normal en el país estaba cercana, pues la alianza villista-zapatista parecía ser muy superior a los constitucionalistas, y la mayoría creía cercano el triunfo de los primeros. Las delegaciones extranjeras se negaron a salir de la ciudad de México y a trasladarse a Veracruz, como pretendía Carranza, quien había trasladado sus poderes al puerto y lo había declarado capital de la república, carácter que, sin embargo, tenía que ser refrendado en el campo de batalla.

Cuando las fuerzas villistas y zapatistas entraron a la ciudad, se habían puesto de acuerdo previamente en Xochimilco, mediante el famoso pacto entre sus jefes que materializó la alianza de ambas fuerzas contra el enemigo común constitucionalista y reafirmó el mutuo objetivo de que el principal motivo que la Revolución debía resolver era el agrario. En términos concretos, significó la alianza militar entre ambos ejércitos, el suministro de materiales de guerra por la División del Norte para los surianos y el compromiso de ambas fuerzas para llevar a un civil identificado con la Revolución a la presidencia.[ 21 ] Con base en el pacto de Xochimilco, se adoptó también una especie de división del trabajo militar entre el villismo y el zapatismo: en lugar de marchar conjuntamente sobre las fuerzas estacionadas en Veracruz, los surianos atacarían Puebla y los norteños más hacia el noreste, por el rumbo de Apizaco, formando una especie de pinza que se cerraría sobre Veracruz.[ 22 ] Villa y Zapata, pocos días después de que habían entrado a la capital del país, la abandonaron, para comenzar la campaña militar contra el carrancismo junto con los principales de sus jefes militares y el grueso de sus tropas. La ciudad quedó encomendada al gobierno de la Convención y una guarnición se encargaría de protegerla.

Sin embargo, la alianza entre el villismo y el zapatismo pronto empezó a venirse abajo. Villa, ante el temor de ver cortadas sus líneas de aprovisionamiento a sus espaldas, cambió el plan de batalla acordado y salió hacia el Bajío, con rumbo al norte con casi toda la División.[ 23 ] Los zapatistas, después de haber tomado Puebla, no continuaron su avance hacia Veracruz, por problemas de aprovisionamiento militar que no obtuvieron de la División ni del gobierno convencionista;[ 24 ] Zapata decidió regresar con sus fuerzas a Morelos que permanecieron inactivas durante esos cruciales días.[ 25 ] La campaña militar conjunta detrás de un mismo objetivo militar se diluyó pronto en una dispersión de fuerzas y en un repliegue hacia sus respectivas zonas. Sin emprender la ofensiva final contra el constitucionalismo.

Entre tanto, la ciudad continuaba con su situación particular. El gobierno convencionista de Eulalio Gutiérrez tomó varias medidas, entre las cuales se encontraba la devolución de la autonomía a los municipios, devolviéndole además al Ayuntamiento de la ciudad de México sus bienes, rentas y prerrogativas,[ 26 ] la reapertura de los tribunales de justicia y de las casas de empeño; un decreto que obligaba a devolver los objetos robados a sus dueños durante la ocupación convencionista, otro por el que se anunciaba que se aplicaría la pena de muerte a quien robara un automóvil y se prohibía que militares o civiles portaran armas de fuego en bailes públicos; se informaba además que la protección de la ciudad estaría a cargo de una guarnición de cinco mil hombres al mando de Mateo Almanza y que se resellaría el papel moneda emitido por los carrancistas. Junto con lo anterior, se realizaron redadas contra delincuentes.[ 27 ] No obstante, el encarecimiento de los artículos de primera necesidad continuó, particularmente el del pan y la carne, ante lo cual el Ayuntamiento de la ciudad creó comisiones que se encargarían de evitar tales abusos.[ 28 ] Se comenzó a hablar por esos días de una epidemia de tifo.[ 29 ]

No obstante, una cosa era el gobierno convencionista y otra los jefes militares villistas y zapatistas. A pesar de que formalmente el gobierno de Eulalio Gutiérrez era el presidente de la República, elegido por la Convención en su etapa de mayor representatividad, después de la ruptura con los constitucionalistas se acentuaron las divisiones entre ese gobierno, que en realidad no tenía una base de sustentación propia, y los jefes militares que lo sostenían y sin los cuales no podía hacer nada. En la ciudad de México, asiento de los poderes federales, en los cuales estaba funcionando el ejecutivo y la Convención, a través de sus delegados, intentaba ser una especie de Congreso preconstituyente, el gobierno efectivo de la ciudad lo tenían los jefes militares villistas y zapatistas. Cuando aquéllos salieron en su mayoría rumbo al norte, los que se hicieron cargo de la ciudad fueron los sureños.

Es interesante observar que de los documentos del Cuartel General del Sur, a cuyo mando se hallaba Manuel Palafox -por esas fechas el intelectual más influyente del zapatismo-, que se encuentran en el Archivo de Emiliano Zapata, durante el mes de diciembre de 1914 los asuntos que predominan abrumadoramente son los relativos a su ejército, a su aprovisionamiento, movimientos, necesidades, reportes, informes de acciones, etcétera, así como una gran cantidad de escritos de la gente de las zonas zapatistas que le escribían a Zapata o a Palafox consultándole sobre los más diversos asuntos. Estos testimonios muestran una gran preocupación y atención por parte de la dirección zapatista -puesto que todos ellos eran contestados, aunque fuera con algún retraso- hacia sus bases. En cambio, inversamente, casi no hay comunicaciones -o no se han conservado en el archivo y habría que buscar en otros- de la población citadina, lo que muestra al menos, indirectamente, que no había una plena identificación con los ocupantes. En cierto sentido, seguía siendo por parte de los surianos una ocupación externa.[ 30 ]

La ocupación villista y zapatista de la ciudad en diciembre se caracterizó por un gran respeto hacia la propiedad y hacia los habitantes citadinos. Aunque hubo algunas riñas entre soldados que causaron zozobra y daños a personas, no fueron actos generalizados. Tampoco hubo expropiaciones masivas de propiedades, aunque algunas casas de ricos dueños sí fueron ocupadas por jefes militares, no obstante que una de las partes medulares del Plan de Ayala establecía la confiscación de los bienes de los enemigos de la Revolución, durante esos días no sólo no hubo casi expropiaciones, sino que los jefes sureños se preocuparon por evitar los abusos.[ 31 ]

Por su parte, la Convención, que era la máxima autoridad soberana en el país, no pudo actuar como el gobierno de la Revolución en esos días en que se encontraba en el centro político del país, desgarrada por las contradicciones internas. Varios de sus miembros decidieron abandonar sus filas e incorporarse a las fuerzas carrancistas; por otra parte, Eulalio Gutiérrez y su gabinete comenzaron a tener enfrentamientos cada vez más agudos con los jefes villistas y zapatistas; la mayoría de los delegados villistas eran de los principales generales y jefes militares de la División y, en vista del enfrentamiento próximo y decisivo con el constitucionalismo, se incorporaron a la campaña militar; los delegados zapatistas, a pesar de que habían servido en Aguascalientes para que la Convención tomara una definición ideológica precisa sobre el contenido social del programa de gobierno y de las transformaciones revolucionarias necesarias, lo habían hecho como observadores y aún no se habían incorporado plenamente a la Convención. Así pues, la Convención no pudo reunirse en esos días y sólo lo hizo una Comisión Permanente nombrada anteriormente, que debía entre otras funciones redactar el programa de gobierno y que se reunió sin poder tomar resoluciones sobre los problemas y acontecimientos cruciales que se estaban desarrollando.[ 32 ]

En enero de 1915, la situación de escasez y encarecimiento de alimentos siguió deteriorándose, en virtud de la inminencia del enfrentamiento armado y de los intereses de los comerciantes, que fortalecieron el acaparamiento.[ 33 ] En medio de la agudización de las diferencias entre el gabinete de Eulalio Gutiérrez y las fuerzas surianas y norteñas, el presidente, la mayoría de sus ministros y algunos delegados a la Convención huyeron de la capital, llevándose los fondos del gobierno, hacia el noreste del país.[ 34 ] Con esto se rompía la alianza inestable que se había establecido entre el villismo y el zapatismo con un sector liberal desgajado del constitucionalismo. En adelante, en la Convención sólo quedarían las fuerzas de Villa y de Zapata.

Los zapatistas se incorporaron plenamente a la Convención. En ésta, renovada, se dio cabida ahora sí a los civiles, siempre y cuando estuvieran comprometidos con la Revolución. Como muestra de la posición zapatista, y como una medida para controlar el poder enorme del ejecutivo, el 13 de enero fue aprobada la ley parlamentaria, que sometía al presidente al control y vigilancia de la Convención, que podía destituirlo en caso de que faltara a los compromisos con la Revolución.[ 35 ] Así, ante la defección de Eulalio Gutiérrez, la Convención asumió el poder ejecutivo, ejerciéndolo por quien fungía entonces como presidente de la misma, Roque González Garza, el representante de Villa.[ 36 ]

Las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno fueron el reforzamiento de la ley marcial en el Distrito Federal; un decreto que castigaba con la pena de muerte a quienes cometieran robos con violencia, saqueos, destrucciones en propiedad ajena, falsificación de sellos públicos o moneda, organización de tumultos, etcétera; esas disposiciones servirían para conseguir el abastecimiento de productos básicos, así como la circulación forzosa de la moneda villista.[ 37 ] Posteriormente, en la Convención se propuso que en las zonas dominadas por los convencionistas, las autoridades tomaran medidas que presionaran a los comerciantes para que abarataran los alimentos, que impusieran multas a los infractores y que, en caso de reincidencia, el gobierno incautara los productos vendiéndolos a la población a bajos precios.[ 38 ]

Por esos días, estalló una huelga de los empleados y obreros de las compañías de Tranvías y de Luz y Fuerza por aumento salarial, reconocimiento de su organización sindical por la empresa e indemnizaciones por accidentes de trabajo. La Convención discutió el caso y acordó que se dejara la solución en manos de González Garza y que si no se obtenía solución favorable, la Convención interviniera.[ 39 ]

El 25 de enero González Garza presentó un balance de los diez días que llevaba su gobierno, destacando la situación militar: si bien Ángeles había conseguido importantes triunfos en el noreste, en Guadalajara la Convención había sufrido serias derrotas ante las tropas de Diéguez y Murguía y, particularmente grave era la pérdida de Puebla por el Ejército Libertador, que además estaba mostrándose poco dispuesto a enfrentar el avance de Obregón hacia la capital del país. En los renglones de agricultura, educación, laboral y social, los resultados eran magros o nulos.[ 40 ] Complicando la situación, Villa, en el norte, se había prácticamente desentendido de la capital del país, preparando por su cuenta las batallas decisivas por venir contra el constitucionalismo y había comenzado a organizar formalmente su gobierno.[ 41 ] Ante el avance incontenible de Obregón, la Convención y las fuerzas zapatistas se vieron obligadas a evacuar la ciudad de México el 26 de enero, dirigiéndose a Cuernavaca.

Había concluido, pues, la primera ocupación de la capital por las fuerzas villistas y zapatistas. Conviene hacer un balance de ella. Por lo que respecta a las propiedades y bienes de las clases poseedoras, si bien hubo algunas intervenciones y saqueos, éstos no fueron masivos ni generalizados; en cuanto a las vidas y propiedades de las clases menesterosas, se les respetó y protegió en la medida de lo posible, evitando abusos que, sobre todo cuando la afectada era la población pobre de las zonas rurales aledañas zapatistas, se procuraba resolver de inmediato. Respecto a los almacenes, particularmente los de alimentos, a los propietarios se los conminó a que abastecieran y redujeran los precios (parece incluso que el precio oficial de la carne bajó respecto al que había tenido meses atrás);[ 42 ] hubo algunos saqueos en busca de víveres, tolerados y fomentados a veces por jefes militares surianos, descalificados y combatidos por los norteños. Hubo también actos de violencia revolucionaria y ejecuciones contra personas a las que se consideraba enemigos de la Revolución, pero tampoco fueron generalizados.

Los principales problemas de los citadinos continuaron siendo los mismos: en una concentración urbana que no era capaz de abastecerse por sí misma de los satisfactores agrícolas necesarios, que dependía del suministro de la periferia rural, en las condiciones de guerra imperante, muchos de los hombres, de los cultivos y de las cosechas se perdieron, no se hicieron o no podían trasladarse a la ciudad. Aparecían por lo tanto dos nuevos problemas: los que controlaban el abasto en la ciudad eran los grandes comerciantes. A éstos, a pesar de las medidas y presiones, de los decretos, sanciones, precios oficiales, etcétera, que se intentaron aplicar, no se les pudo meter en cintura. El otro problema era el transporte: a pesar de las disposiciones para trasladar productos agrícolas de las inmediaciones bajo control zapatista y particularmente del Estado de México, se privilegiaron en conjunto las necesidades militares de traslado de tropas, pertrechos y abastecimiento para los ejércitos. Otro problema de una localidad que no era autosuficiente en alimentos y que necesitaba del circulante para adquirirlos era la moneda; como había ocurrido con los carrancistas, la inseguridad monetaria, el acaparamiento del circulante de plata y la inseguridad por los cambios de los billetes conforme una fuerza u otra ocupaba la plaza se convirtieron en un problema y fueron fuentes de múltiples abusos.

A pesar de las medidas puestas en práctica por los ocupantes, la población capitalina padeció hambre e inseguridad. No se tomaron medidas radicales para remediar la situación: confiscar los inmuebles y mercancías de los comerciantes, decretar un aumento general de salarios, dar la tierra a los campesinos, etcétera, no porque no lo hubieran pensado, sino porque primero tenían que ganar la guerra contra el constitucionalismo y por tanto la suerte de la Revolución y de la hegemonía del proceso se definiría afuera, en los enfrentamientos militares entre las dos principales fuerzas: la División del Norte y el ejército comandado por Obregón. A pesar de ello, en el último periodo, una vez que los surianos y los norteños se habían separado del sector encabezado por Eulalio Gutiérrez, en el gobierno de González Garza, comenzaron a definirse elementos más precisos para fortalecer a un gobierno revolucionario y a un programa. Las pocas cosas que pudieron hacer en esos diez días apuntaban a un gobierno con visos de paternalismo, protector de las clases desposeídas, controlado y vigilado por la Convención, que había comenzado a elaborar el programa de gobierno.

Con todo, a lo sumo era un gobierno con buenas intenciones, que no era dueño del control del país y que dependía de la suerte militar que corrieran la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur. La ocupación de la ciudad de México no había servido para fortalecer la alianza villista-zapatista que, aunque se conservaba, tenía fragilidad. Tampoco había conseguido una incorporación de la población citadina hacia su proyecto, permaneciendo hasta el final como una ocupación externa, con buenas intenciones, pero extraña.

La vuelta de los constitucionalistas

El 26 de enero las fuerzas constitucionalistas al mando de Obregón entraron por segunda vez a la capital; a diferencia de las anteriores ocupaciones, ésta vez no salió la población a recibirlos.[ 43 ] Permanecieron en la ciudad hasta el 11 de marzo de ese año.

Desde los primeros días, el comercio citadino adoptó una actitud hostil hacia Obregón: no abrió los primeros días. En esta segunda ocupación, Obregón decidió colaborar más estrechamente con el Ayuntamiento de la ciudad, pidiéndole su colaboración para aliviar los problemas del abasto. No obstante, desde los primeros días de febrero, por instrucciones de Carranza, fueron quitados los fondos que manejaba el Ayuntamiento que, además, fue reducido a la categoría de un mero consejo consultivo. Los miembros del Ayuntamiento buscaron apoyo en Obregón, quien adoptó una actitud distinta a la de Carranza; aunque no pudo dar marcha atrás a las decisiones de éste, promovió el acercamiento y la delegación de algunas funciones como fijación de precios, vigilancia sobre comercios, etcétera, en dicho órgano.[ 44 ]

De nuevo, el principal problema fue el de la escasez y la carestía de víveres. En esta ocasión, la actitud de Obregón fue más drástica contra los comerciantes: el 18 de febrero emitió un decreto que establecía una contribución forzosa del 10% de sus mercancías, con las que se establecerían puestos de aprovisionamiento para la población; la mayoría de los comerciantes ignoraron el decreto y el 25, Obregón emitió un segundo que establecía una contribución forzosa sobre capitales, predios, hipotecas, profesiones, patentes, automóviles y otros bienes, válido tanto para propietarios nacionales como extranjeros. Convocó a una junta a los comerciantes que se habían negado a pagar la contribución y apresó a los nacionales, soltándolos una vez que hubieran pagado.[ 45 ] Esta misma actitud jacobina la tuvo con respecto al clero capitalino al que obligó también a pagar una contribución, después de haber detenido a algunos clérigos[ 46 ] Estas medidas lo enemistaron con estos sectores y con los miembros de las delegaciones extranjeras, que comenzaron a protestar por lo que consideraban excesos de Obregón y a presionar a Carranza para que desalojaran la capital.

Sin embargo, aunque estas medidas habían sido más fuertes que las aplicadas anteriormente por las distintas fuerzas ocupantes, el hambre en la ciudad, la inseguridad ante los enfrentamientos frecuentes en las inmediaciones con tropas zapatistas, la falta de agua y de electricidad que provocaron dichos enfrentamientos, los abusos que cometieron las tropas de Obregón, la indignación de muchos sectores por el anticlericalismo recalcitrante de algunos jefes constitucionalistas, hicieron esos días particularmente difíciles para la población citadina que, ante la falta de alimentos, comenzó a acudir a las zonas periféricas en busca de yerbas silvestres[ 47 ] y a escudriñar los basureros en busca de restos con qué alimentarse.[ 48 ]

El mayor logro de las fuerzas comandadas por Obregón fue, con mucho, la colaboración e incorporación de la principal organización obrera del país, la Casa del Obrero Mundial, a la lucha constitucionalista, mediante el famoso pacto en el que dicha organización, a cambio de concesiones, se comprometía a luchar militarmente contra las fuerzas de la Convención. Desde la primera ocupación constitucionalista se había dado un acercamiento entre un sector de esta facción, representado por el Doctor Atl y Jara y los líderes de la Casa del Obrero Mundial que, abandonando su tradicional posición anarcosindicalista, comenzaron a ver la posibilidad de obtener ventajas particulares mediante una colaboración formal con el constitucionalismo.[ 49 ] Este acercamiento no pudo ser revertido por la ocupación villista y zapatista de la capital, aunque algunos de los líderes de la Casa se incorporaron individualmente al zapatismo. Así, en los momentos en que el constitucionalismo necesitaba reforzar su base de apoyo para enfrentarse con éxito a la Convención, su ala radical logró comprometer a la Casa del Obrero Mundial para combatir a Villa y a Zapata mediante la constitución de los Batallones Rojos. El pacto fue una imposición de la dirección al conjunto de los miembros de la Casa,[ 50 ] que, aunque no comprometió al conjunto de los trabajadores organizados ni dio al traste con la tendencia autogestiva y de acción directa que había sido la tendencia dominante y seguiría manifestándose con fuerza varios años después, significó un apoyo concreto de un sector de los trabajadores capitalinos al constitucionalismo, en los momentos en que este proyecto más lo necesitaba. Los seis batallones formados, con aproximadamente siete mil miembros, fueron una valiosa ayuda para el ejército de Obregón en las batallas del Bajío[ 51 ] e, inversamente, una fuerte derrota para las fuerzas de la Convención.

Empero, a pesar de estos apoyos concretos y de la aparición de un caudillismo populista y anticlerical en la capital del país representado por Obregón, así como el inicio de una tendencia colaboracionista entre un sector organizado de la clase obrera con el gobierno, el constitucionalismo no logró resolver los problemas de la capital. Siguió siendo una ocupación externa que además generó reacciones en contra de las clases dominantes, de las delegaciones extranjeras, del clero y, paradójicamente, también de sectores pobres que no obtuvieron ningún beneficio con la ocupación. El hambre se hizo más crónica, los precios de los alimentos se elevaron en proporciones no vistas antes. La presión de los gobiernos extranjeros y la inminencia del choque con la División del Norte hicieron que desalojaran la ciudad. Una vez más la definición de los acontecimientos ocurriría afuera.

La segunda ocupación convencionista

Las tropas surianas regresaron a la capital del país el 11 de marzo, siendo recibidas con júbilo por la población.[ 52 ] Las condiciones en las que se encontraba la ciudad eran más difíciles que nunca: estaban cortadas las comunicaciones telegráficas y postales con el exterior, las líneas de ferrocarril habían sido dañadas durante su salida por los constitucionalistas, no había agua potable, pues las tuberías habían sido averiadas durante los enfrentamientos; estaba suspendido el servicio de tranvías porque varios de los empleados se habían ido con Obregón y se habían llevado consigo algunas de las herramientas y controles, faltaba la electricidad y el combustible, el alumbrado público tenía que ponerse sólo parcialmente en la noche, la vigilancia era prácticamente nula, muchos de los comercios habían cerrado sus puertas durante los últimos días de Obregón y continuaban escaseando y encareciéndose los alimentos.[ 53 ]

En medio de esta situación de emergencia, diferentes sectores de la población capitalina comenzaron a organizarse como no lo habían hecho antes: por iniciativa ciudadana se crearon guardias nacionales encargadas de vigilar y proteger a la población, sobre todo en las noches, auxiliando al Ayuntamiento y a las autoridades de la Convención; los comerciantes, que habían tenido duros enfrentamientos con Obregón, posiblemente tratado de evitar la pérdida de sus propiedades, comenzaron a tener una inusitada actividad, poniendo a la venta muchos de los productos que antes habían ocultado y trayendo otros; se creó una junta privada de la ciudad, en la que participaban como voluntarias damas de las clases altas, que estuvo promoviendo la repartición de víveres entre las clases pobres; se creó un comité internacional de beneficencia, promovido por las embajadas y colonias extranjeras, que tuvo funciones similares a las de la junta ciudadana y se estuvo coordinando con las autoridades del Ayuntamiento; los comerciantes españoles, que habían sido de los más atacados por Obregón, ofrecieron cupones para vender a precios bajos alimentos a la población; se expendieron en la calle medicinas más baratas para las clases necesitadas y, particularmente, el Ayuntamiento de la ciudad, las comisarías y el gobierno de la Convención tuvieron, ahora sí, una actividad constante consiguiendo alimentos de las zonas aledañas zapatistas, otorgando permisos para el tránsito de estas mercancías, vigilando la distribución para evitar los abusos, confiscando locales de acaparadores y estableciendo una serie de puntos de venta, de los cuales el más importante fue el Palacio Municipal, en el que los productos que se conseguían eran puestos a la venta a precios bajos para que la población pudiera consumirlos. En todo esto se nota un verdadero esfuerzo por las autoridades, con la colaboración de gremios como el de los maestros, así como sectores de las clases dominantes y las colonias de extranjeros para resolver, dentro de sus posibilidades, éste que había sido el principal problema sufrido por la población citadina desde tiempo atrás.[ 54 ]

El Ayuntamiento desempeñó un papel importante en este abasto. Desde tiempo atrás había constituido una comisión de artículos de primera necesidad que, aunque comenzó sus trabajos en el mes anterior, fue sobre todo en los meses de marzo, abril y mayo en los que desarrolló una gran actividad. Los testimonios que hay indican una gran actividad mercantil: infinidad de permisos para conseguir, transportar y expender víveres a bajo precio en lugares determinados, realizados por particulares y traídos de los estados de México, Morelos, Michoacán, Hidalgo, Puebla y Guanajuato, predominando con mucho, los de los dos primeros;[ 55 ] testimonian que pudieron levantarse cosechas, transportarse a la ciudad y venderse entre la población capitalina. Vale la pena mencionar el aspecto novedoso de las tiendas oficiales improvisadas por las autoridades que estuvieron vendiendo masivamente los productos adquiridos, así como repartiendo en ocasiones despensas de productos básicos gratis entre las familias necesitadas. Esto, desde luego, no impidió los abusos e incluso el encarecimiento de algunos productos que no podían conseguirse o que se agotaban ni tampoco acabó con la especulación, por lo que se dieron incautaciones de mercancías en mayor medida que en la anterior ocupación convencionista.

Teniendo este marco, la Convención se encontró por segunda vez en la ciudad de México, teniendo ahora exclusivamente a delegados zapatistas y villistas, siendo mayoría los primeros. En los meses que estuvo en la ciudad, la Convención actuó como un congreso constituyente, discutiendo y aprobando el que había de ser el programa de gobierno más avanzado en términos sociales de los que se hicieron durante la Revolución. En él, se plantearon soluciones al problema agrario, a las relaciones laborales, a la familia, al tipo de gobierno,[ 56 ] de manera más radical que lo que ocurriría dos años después en Querétaro. Sin embargo, este programa no tuvo casi ningún efecto práctico porque la suerte de la Convención y del rumbo de la Revolución quedó definida en las batallas perdidas por la División del Norte ante Obregón en el Bajío en los meses de abril y junio de ese año.

Aunque se dieron condiciones para un mayor acercamiento entre los convencionistas y la población capitalina y, en algunas ocasiones esto realmente ocurrió, la ciudad de México no tuvo un papel definitivo en esos días. Un aspecto importante, que sin duda influyó para que la incorporación de sectores citadinos a apoyar a la Convención se dificultara, fueron las ideas muy arraigadas que tenían algunos de los dirigentes convencionistas en contra de la ciudad de México y de los capitalinos. Uno de los más insistentes era Antonio Díaz Soto y Gama, potosino, veterano del magonismo y que, incorporado al zapatismo, se había convertido en la Convención en el personaje más influyente de los surianos, y quien en varias ocasiones hizo referencias a los capitalinos calificándolos de reaccionarios y de oportunistas, que igual habían apoyado a Madero y a Carranza, como a Díaz y a Huerta.[ 57 ] El mismo Villa por esas fechas tenía una actitud muy hostil hacia la ciudad: pidiendo a González Garza que trasladara la Convención a Chihuahua, le decía que la ciudad de México no era importante: "ni militar, ni política, ni económicamente y sólo es para nosotros el foco de las intrigas y el lugar donde se corrompen los corazones sanos y se pervierten las conciencias"; González Garza, en esas conversaciones, defendía la permanencia en la capital, pero sus argumentos no eran sólidos: "la ciudad de México militarmente no significa nada, pero en política internacional significa todo", además, "estaba ligada con la red de ferrocarriles y telégrafos más extensa de la república" y era "la residencia del cuerpo diplomático, el asiento de las compañías y hombres de negocios más importantes del país";[ 58 ] es decir, se fijaba en los diplomáticos extranjeros, en las comunicaciones y en los empresarios. El comportamiento de Zapata había demostrado también una actitud hostil hacia la capital del país. Sin embargo, esto no era generalizado entre los convencionistas. Hubo algunos delegados norteños, sobre todo Federico Cervantes, representante de Ángeles en la Convención y uno de los más destacados ideólogos en esa etapa, que tenían una sensibilidad diferente hacia la población capitalina y lo demostraron en diferentes ocasiones.[ 59 ]

Este menosprecio por la ciudad capital, por lo demás, no fue sólo un fenómeno que se hubiera dado sólo entre las fuerzas villistas y zapatistas, sino que también era compartido por el mismo Obregón y por Carranza. Todos ellos, sin embargo, procuraron instalarse en ella y utilizarla para sus fines.

Derrotada la principal fuerza militar de la Convención en el Bajío, era sólo cuestión de tiempo para que el constitucionalismo impusiera su hegemonía sobre el conjunto del país. Los convencionistas tuvieron que abandonar definitivamente la ciudad en junio de 1915 y refugiarse en Morelos donde, particularmente los zapatistas, continuarían resistiendo por varios años más. La ciudad de México sería ocupada, una vez más y ahora en forma definitiva, por los triunfadores.

[ 1 ] No quiere decir que la ciudad de México estuviera, por tanto, libre de influencias agrarias ni mucho menos. Significa únicamente que la situación y los problemas de la metrópoli eran ya de otro tipo, más urbanos, más de las grandes aglomeraciones demográficas y de las concentraciones de construcciones, fábricas, comercios, talleres, espectáculos, es decir, con un fuerte componente de los sectores secundario y terciario.

[ 2 ] El País. Diario de la Mañana, 14 de agosto de 1914.

[ 3 ] El País, 16 de agosto de 1914.

[ 4 ] El País, 16 y 20 de agosto de 1914.

[ 5 ] María Eugenia Barrones y Bertha Ulloa, "La ocupación de la ciudad de México por el Ejército Constitucionalista", en Así fue la Revolución Mexicana, México, Senado de la República, Comisión Nacional para la Celebración del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana-Secretaría de Esucación Pública, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1985, t. V, p. 760.

[ 6 ] Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 68.

[ 7 ] Diario del Hogar, 3 de septiembre de 1914, p. 1 y 4; 25 de septiembre, p. 1.

[ 8 ] Diario del Hogar, 12 de septiembre, p. 2; 18 de septiembre, p. 1.

[ 9 ] Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 68-70.

[ 10 ] Diario del Hogar, 15, 22 y 23 de septiembre.

[ 11 ] Diario del Hogar, 23, 25 y 28 de septiembre.

[ 12 ] Vito Alessio Robles, La Convención Revolucionaria de Aguascalientes, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1979, p. 124.

[ 13 ] El Pueblo y Diario del Hogar, 9 al 13 de octubre, respectivamente.

[ 14 ] El Pueblo, 2, 3, 8, 18, 28 y 29 de octubre; Diario del Hogar, 3 y 22 de octubre.

[ 15 ] Los tiroteos se volvieron frecuentes en los últimos días del mes; El Pueblo, 25 y 29 de octubre.

[ 16 ] Para la crónica de las discusiones de la junta reunida en la ciudad de México del 1 al 5 de octubre, además de los periódicos, véase Florencio Barrera Fuentes, Crónicas y debates de las sesiones de la Soberana Convención de Aguascalientes, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, t. 1; Federico Reyes Heroles, "De la Junta a la Soberana Convención ", en Así fue la Revolución Mexicana, México, Senado de la República, Comisión Nacional para la Celebración del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana-Secretaría de Esucación Pública, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1985, t. V, p. 777-795.

[ 17 ] Para esta etapa decisiva de la Convención, véase Archivo General de la Nación, Fondo Convención de Aguascalientes, cajas 1, 2 y 4.

[ 18 ] Los lugares que dominaban eran: Baja California, Sonora (salvo la plaza de Agua Prieta), Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Nayarit, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Estado de México, Distrito Federal, Morelos, Puebla, Tlaxcala, así como buena parte de Sinaloa, Jalisco, Michoacán y Guerrero, y porciones de Tamaulipas y Oaxaca. Los constitucionalistas controlaban Veracruz, Tabasco, la península de Yucatán, Colima, la mayor parte de Tamaulipas y parte de Jalisco, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Véase Luis Fernando Amaya, La Soberana Convención Revolucionaria, México, Trillas, 1966, p. 177, y Juan Barragán, Historia del Ejército y la Revolución Constitucionalista, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos sobre la Revolución Mexicana, 1985, t. II, p. 201.

[ 19 ] Vito Alessio Robles, La Convención Revolucionaria de Aguascalientes, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1979, p. 145.

[ 20 ] El Monitor. Diario de la Mañana, 7 de diciembre de 1914.

[ 21 ] Versión taquigráfica de la entrevista entre Villa y Zapata celebrada en Xochimilco el 4 de diciembre de 1914, tomada por el secretario particular de Roque González Garza, reproducida en Manuel González Ramírez, Planes políticos y otros documentos. Fuentes para la historia de la Revolución Mexicana, México, Fondo de Cultura Económica, 1954, p. 113-122. Se ha especulado mucho sobre la conversación privada que sostuvieron Villa y Zapata ese día, sosteniéndose por varias gentes que ahí ocurrió una entrega mutua de enemigos personales que fueron asesinados poco después, entre ellos Paulino Martínez, cuya cabeza habría sido solicitada por Villa. Esta versión, difundida por Eulalio Gutiérrez y Vasconcelos en los momentos en que rompieron con Villa y Zapata y aceptada a partir de entonces como válida por los historiadores, carece de fundamentos. El único testigo presencial, Manuel Palafox, nunca se expresó, hasta donde sé, sobre el asunto. Resulta poco creíble que Paulino Martínez, quien jugaba un papel central dentro del zapatismo en esos momentos y había sido nombrado presidente de la delegación zapatista a la Convención, gozando además del reconocimiento y confianza de Zapata y de los demás jefes surianos, pudiera haber sido entregado sin chistar por Zapata. El asesinato de Martínez sobre todo, y el de otros miembros importantes de la Convención como el de David G. Berlanga y Guillermo García Aragón, ocurridos por esos días, creo que ahondaron las diferencias que por lo demás ya se habían producido entre Villa y Zapata.

[ 22 ] Robert E. Quirk, La Revolución Mexicana, 1914-1915. La Convención de Aguascalientes, México, Azteca, 1962, p. 152.

[ 23 ] Vito Alessio Robles, La Convención Revolucionaria de Aguascalientes, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1979, p. 408-409.

[ 24 ] Además de las fuentes conocidas sobre el asunto, entre las cuales están el testimonio de Eulalio Gutiérrez y de Vasconcelos, a la sazón, ministro de Educación Pública del gobierno convencionista, quienes reconocieron la labor de sabotaje deliberado que hicieron para echar por tierra la campaña contra Veracruz, la División del Norte en esos momentos no podía realmente aprovisionar en las proporciones requeridas a los surianos; hubo muchos roces entre los jefes militares del sur y las autoridades militares convencionistas y villistas. Véase un ejemplo en: Aguirre Benavides a Zapata, Distrito Federal, diciembre 22 de 1915, Archivo General de la Nación, Archivo de Emiliano Zapata, caja 2, exp. 6, f. 15.

[ 25 ] Robert E. Quirk, La Revolución Mexicana, 1914-1915. La Convención de Aguascalientes, México, Azteca, 1962, p. 153.

[ 26 ] El presidente del Ayuntamiento, en la sesión del 1 de enero de dicho órgano, que formalmente era el gobierno de la ciudad de México, informó que desde la ocupación por los carrancistas de la misma se comenzó a elaborar un proyecto para la emancipación de los ayuntamientos, que fue presentado tanto a Carranza como a la Convención, siendo aceptado por ésta sin objeciones y publicándose el decreto respectivo. Boletín Municipal. Órgano del Ayuntamiento de México, t. i, n. 1, 30 de abril de 1915, p. 5.

[ 27 ] El Monitor, 6, 8, 12, 16, 18, 19, 20, 21, 22, y 23 de diciembre.

[ 28 ] El Monitor, 9, 15 y 24 de diciembre.

[ 29 ] El Monitor, 14 de diciembre.

[ 30 ] Archivo General de la Nación, Archivo de Emiliano Zapata, caja 2, exp. 3-7.

[ 31 ] En el archivo de Zapata sólo se hace referencia en ese mes de la nacionalización de los bienes de dos enemigos de la Revolución en Iztapalapa, hechas por el general Chavarría el 28 de diciembre, caja 2, exp. 7, f. 37. Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 253-255, menciona que incluso los zapatistas al principio pedían limosna. Este mismo autor menciona que fueron frecuentes los robos, secuestros, raptos, asesinatos en esos días y, al igual que con las ocupaciones anteriores y posteriores, pinta un clima de violencia generalizada que sin embargo no aparece en tal magnitud ni en los periódicos ni en los archivos que he revisado. Ciertamente hubo actos de violencia, algunas ejecuciones y enfrentamientos, y desde luego abusos en contra de la población, pero no puede decirse que haya imperado el terror ni mucho menos. Sobre el respeto a la propiedad y la actitud de evitar los abusos hay varios ejemplos, uno de ellos en la notificación de Palafox a Julio Gómez, del 15 de diciembre: "como la revolución trata de dar amplias garantías a todos los habitantes del país y se ha dado la disposición debida para que se devuelvan las casas particulares, se exhorta a usted para que desocupe la del señor Antonio Carneiro en San Antonio Tomatlán y ocurra a la Comandancia Militar de Plaza para que se le proporcione alojamiento", Archivo General de la Nación, Archivo de Zapata, caja 2, exp. 4, f. 49.

[ 32 ] En las reuniones de la comisión permanente de esos días, se trataron sólo asuntos de trámites internos, sin abordarse la discusión sobre la definición que estaba ocurriendo en esos días entre las facciones ni sobre los asuntos de la capital. Véase Archivo General de la Nación, Fondo Convención de Aguascalientes, caja 2, exp. 7, f. 4, 8, 16, 19-41, 57, 73-85 y 103-104.

[ 33 ] El Monitor, del 9 de enero, anuncia que sólo hay harina en la ciudad para los siguientes siete días.

[ 34 ] La huida de Eulalio y la explicación justificatoria de su ministro Vasconcelos en el libro de éste La tormenta, México, Botas, 1936, p. 226-248; y la de su colaborador Martín Luis Guzmán en El águila y la serpiente, 14a. ed., México, Compañía General de Ediciones, 1972, p. 423-449.

[ 35 ] Archivo General de la Nación, Fondo Convención de Aguascalientes, caja 1, exp. 10, f. 1-12.

[ 36 ] Archivo General de la Nación, Fondo Convención de Aguascalientes, caja 3, exp. 4, f. 28.

[ 37 ] Robert E. Quirk, La Revolución Mexicana, 1914-1915. La Convención de Aguascalientes, México, Azteca, 1962, p. 186-187.

[ 38 ] Archivo General de la Nación, Fondo Convención de Aguascalientes, caja 3, exp. 4, f. 81. No obstante, no serían incautaciones completas de las mercancías ni de los locales, pues a los comerciantes se les reintegraría una parte del importe.

[ 39 ] Archivo General de la Nación, Fondo Convención de Aguascalientes, caja 3, exp. 4, f. 74-78.

[ 40 ] La Convención, diario identificado con los ideales de la Soberana Convención Revolucionaria, n. 49, 26 de enero de 1915.

[ 41 ] Villa, en telegramas a González Garza, incluso le solicitaba que trasladara la Convención hacia el norte, 16 y 17 de enero, en Federico Cervantes, Francisco Villa y la Revolución, México, Alonso, 1960, p. 393-395.

[ 42 ] El Monitor, 9 de diciembre de 1914 y 20 de enero de 1915.

[ 43 ] Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 311-312.

[ 44 ] Archivo del Ex Ayuntamiento de la Ciudad de México, Actas de Cabildo, sesiones del 30 de enero; 2, 3, 4, 8, así como del 9, 20 y 23 de febrero de 1915. Cuando fueron despojados de sus facultades y fondos, varios de los miembros del Cabildo pretendieron renunciar, pero Obregón consiguió que siguieran en sus puestos y les asignó tareas.

[ 45 ] Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 346-355.

[ 46 ] Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 325-331.

[ 47 ] Manuel Ramírez Plancarte, La ciudad de México durante la Revolución Constitucionalista, 2a. ed., México, Botas, 1944, p. 365-367.

[ 48 ] Incluso las autoridades del Ayuntamiento cercaron los basureros y una Comisión de Higiene y Seguridad dictaminó en contra de permitir el acceso a los basureros por las clases menesterosas por los riesgos de salud que implicaba; véase sesión del Ayuntamiento del 9 de marzo de 1915, Boletín Municipal. Órgano del Ayuntamiento de México, t. i, n. 1, 30 de abril de 1915, p. 21.

[ 49 ] John M. Hart, El anarquismo y la clase obrera mexicana, México, Siglo XXI, 1976, p. 170-172.

[ 50 ] John Hart describe a detalle las maniobras implementadas que dieron lugar a la firma del pacto el 20 de febrero en El anarquismo y la clase obrera mexicana, México, Siglo XXI, 1976, p. 176-178.

[ 51 ] John M. Hart, El anarquismo y la clase obrera mexicana, México, Siglo XXI, 1976, p. 179.

[ 52 ] The Mexican Herald, 12 de marzo de 1915.

[ 53 ] The Mexican Herald, 11, 13, 14, 15 y 16 de marzo de 1915.

[ 54 ] The Mexican Herald, 15, 16 y 18 de marzo, 1, 2, 6-13, 15, 19, 21-22, 24-26, 28 y 30 de abril.

[ 55 ] Archivo del Ex Ayuntamiento de la Ciudad de México, Comisión de Artículos de Primera Necesidad, exp. 1-17.

[ 56 ] El programa de reformas económicas y sociales de la Convención y la discusión pormenorizada de los distintos artículos aprobados en Debates de las sesiones de la Soberana Convención Revolucionaria, dirección de Josefina E. de Fabela, México, Jus-Comisión de Investigaciones de la Revolución Mexicana, 1971, t. IV y V.

[ 57 ] Debates de las sesiones de la Soberana Convención Revolucionaria, dirección de Josefina E. de Fabela, México, Jus-Comisión de Investigaciones de la Revolución Mexicana, 1971, t. IV, sesión del 21 de marzo, p. 132-176.

[ 58 ] González Garza a Villa, 22 de marzo; Villa a González Garza, 23 de marzo; y González Garza a Villa, 23 de enero, Debates de las sesiones de la Soberana Convención Revolucionaria, dirección de Josefina E. de Fabela, México, Jus-Comisión de Investigaciones de la Revolución Mexicana, 1971, t. IV, sesión del 21 de marzo, p. 177-181 y 183-185.

[ 59 ] Hace falta una biografía sobre Federico Cervantes, uno de los personajes más interesantes que participaron en la Convención en este periodo, que, merced a su preparación y honestidad, se convirtió en el pivote de las discusiones ideológicas importantes que tuvieron lugar durante la formulación del programa de gobierno de la Convención.

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Álvaro Matute (editor), Ricardo Sánchez Flores (editor asociado), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 14, 1991, p. 107-128.

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